El amanecer del planeta (¿de los simios?): los valores corporativos en un escenario post crisis


En las últimas semanas he tenido la oportunidad de disfrutar del visionado de varias cintas en sala cinematográfica. Por deformación profesional, quizás, siempre veo alguna aplicación al entorno profesional.
“Los guardianes de la Galaxia” (James Gunn, 2014) es una típica película Marvel con (super) héroes no tan típicos. Podríamos profundizar en los modelos que viniendo del pasado aún pueden ser útiles (adaptados a un nuevo contexto, claro).
“El corredor del laberinto” (Wes Ball, 2014) plantea justo lo contrario: en una situación extrema para la supervivencia aplicar los viejos patrones no permite alcanzar los objetivos (escaparse del laberinto) ni siquiera mantener el statu quo (seguir vivos).
“El amanecer del planeta de los simios” (Matt Reeves, 2014) es un eslabón más dentro de la saga de “El planeta de los simios”. El primer episodio (F. J. Schaffner, 1968) fue una cinta con gran interés cinematográfico … y político-social. Siguieron 4 secuelas (bastante discretas) de forma inmediata (1970-1973). Tim Burton hizo su versión (mediocre, por cierto) en 2001. En 2011 se retomó la saga con “El origen del planeta de los simios” (Rupert Wyatt). Sin ser una gran película despertó el interés de los aficionados por ser una digna precuela (efectos digitales al margen). Este año tocaba la segunda parte de esta nueva trilogía. “El amanecer” no es tan entretenida como su predecesora … pero nos sirve perfectamente para analizar algunas cuestiones traspasables al entorno empresarial.


En primer lugar, la cinta arranca tras la explosión de una epidemia (culpa de los humanos) que hace que los simios se extiendan por el planeta … y los humanos queden reducidos hasta peligrar su supervivencia.
La cinta plantea que los simios han ido evolucionando en sus capacidades, habilidades y destrezas. César, su líder, es el mejor ejemplo de ello. Al principio de la película vemos que los simios se comunican mediante un lenguaje de signos … sin embargo en un momento dado consiguen dar el salto y ya son capaces de hablar. La comunicación, por tanto, juega un papel relevante. Si consigo hablar con los demás seré capaz de comprenderles mejor, entender sus posiciones, necesidades, … y, por ende, ellos las mías. Esta sería una de las primeras conclusiones: el comunicarse es básico para aportar a nuestras organizaciones … si bien los formatos y herramientas de comunicación deben estar actualizadas al contexto actual (léase redes sociales).
La película sugiere en sus comienzos (se centra en la existencia de los simios) que probablemente los humanos se hayan extinguido. Transcurridas unas cuentas secuencias descubrimos que esto no es así, que siguen vivos (¡la confrontación está servida!). A partir de ahí a César se le plantea un debate “moral” porque la mayoría de los miembros de su clan entienden que han de enfrentarse y destruir a los humanos. En este sentido César tiene un doble sentimiento: por un lado, como “casi-humano” es capaz de comprender la situación de penuria en la que viven los supervivientes humanos (menos capacitados para adaptarse a un entorno más natural). Algo dentro de él le incita a ayudarles.
Así mismo, y por otro lado, César (que no todos los integrantes de su grupo) es muy consciente del coste que tendrá enfrentarse a los humanos: muchos de los simios morirán y, por tanto, los esfuerzos que ellos han hecho por sobrevivir y adaptarse a un planeta hostil tampoco tendrán grandes frutos.
¿Qué hacer? César es un líder valiente y, a pesar de los miedos y resquemores de los suyos, se reúne con los humanos para plantearles un escenario de ayuda y colaboración (para arreglar una central de energía). Sin embargo advierte de que los simios no dudarán en enfrentarse a los humanos si no son capaces de cumplir (el resto de los humanos) con el acuerdo.
Para beneficio de la película obviamente una parte importante de los humanos no está por la labor de colaborar con los simios y surge el conflicto. Primero entre César y “su mano derecha” Koba, quien es completamente fiel a su líder, César, pero no comparte la filosofía de éste hacia los humanos (a quienes detesta por lo que le hicieron en el pasado). A continuación se desencadena la guerra entre los simios (liderados por Koba tras “una toma de poder”) y los humanos.

Koba asume que su líder (tras recuperar el poder) no se enfrentará a él porque han asumido un lema: “simio no mata a simio”. La lucha final entre César y Koba plantea un dilema al espectador: ¿qué hará César? ¿perdonará a Koba “traicionando” su lema? ¿será fiel al lema interno como grupo y, por tanto, dejará que Koba asuma el poder definitivamente?
Pues el desenlace es que César acaba con Koba manifestando que, tal como es/se comporta este último, en realidad no es un simio y, por tanto, no falta a su compromiso interno.

El lema nos daría mucho juego empresarial. Si lo trasladáramos estaríamos hablando de nuestros “valores corporativos”, algo que está al servicio de la propia organización, que ha de unir, cohesionar, dar sentido, retar, … pero siempre en sentido positivo, aportando, construyendo. El trabajar en el desarrollo de los valores no ha de entenderse en el sentido literal del mismo (no hablamos sólo del “lema” que es importante tenerlo porque nos focaliza), sino más bien de lo que de ello se deriva, es decir, los comportamientos.
Ojalá seamos capaces de identificar en nuestras organizaciones buenos “lemas” (que nos permitan construir), que sean coherentes con lo que queremos ser y que se traduzcan en comportamientos. En ese momento estaremos viviendo, de nuevo, el amanecer del planeta ... de los humanos!





1 comentarios:

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Un Saludo

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