Avatar o El Liderazgo basado en Vínculos




No se le puede negar al canadiense JamesCameron un claro olfato para los éxitos en taquilla. Obviamente, en mi opinión, no ha alcanzado el nivel y la trascendencia de un Kubrick (que le cautivó a los 15 años) o de un coetáneo Spielberg (con bastante mayor registro en su obra cinematográfica). Pero, sin duda, está por encima de compañeros de profesión como Michael Bay (“Transformers”), Sam Raimi (“Spiderman”), Michael Mann (“Heat”), etc. Probablemente podríamos considerarle en un mismo estadio que Ridley Scott (“Alien/Prometheus”), Christopher Nolan (“Batman’s”), Peter Jackson (“Señor Anillos”), etc. [seguro que los cinéfilos entramos claramente en discusión sobre estas -siempre odiosas- comparaciones].

Batió records con Titanic (1997) por recibir 11 Oscars (como “Ben Hur”, o “El Retorno del Rey”) y por la recaudación (film más taquillero de la historia en esa época: más de 2000 millones $).

Entretenimientos varios le llevaron al proyecto de “Avatar” (2009), su obra más completa (Cameron dixit). El estreno (y re-estreno un año después) no alcanzó el impacto en los académicos que obtuvo con Titanic. Avatar logró apenas 3 oscars “técnicos”, aunque la ceremonia tuvo el morbo de “enfrentarle” a su ex, Kathryn Bigelow, al timón de “En Tierra Hostil” (una sólida historia sobre las actuaciones cotidianas de los soldados en los conflictos bélicos). Cameron perdió los premios “gordos” a manos de Bigelow (película y dirección). En todo caso, poco le debió durar al director el malestar: En Tierra Hostil apenas tuvo un mínimo recorrido comercial. Avatar se convirtió en la escalofriante nueva película más taquillera de la historia (por encima de los 3000 millones $).

¿Y qué tal es la película? Pues entretenimiento con mensaje, podríamos decir. Ciencia ficción, fantasía, aventuras, suspense, … aderezado con ecologismo, anti-militarismo, amistad … Una buena mezcla. La historia nos traslada al planeta Pandora, habitado por una especie “humanoide” (los na’vi) cuya civilización se asienta sobre el amor y respeto a la naturaleza. Naturaleza que, en Pandora, contiene altas concentraciones del mineral “unobtainium”, inmensamente valioso para los humanos … El conflicto está servido.

Estos humanos (algunos científicos, otros comerciantes y otros militares) tratan de relacionarse con los na’vi a través de unos organismos creados a base de combinar adn humano y adn na’vi: de ahí resultan los “avatar”. Jake Sully (un ex marine) vivirá sus mayores aventuras a través de su avatar.

La película narra las vicisitudes de este personaje que llega a convertirse en el líder de los na’vi. Podríamos, por tanto, analizar sus comportamientos a lo largo del metraje para identificar algunos aspectos relativos a liderazgo (cómo logra signos de reconocimiento como líder al lograr, por ejemplo, domesticar al “dragón” más poderoso, al ser un magnífico guerrero, al tener y manifestar arrojo y valentía en momentos críticos, etc.).

Sin embargo hay un aspecto que me llama la atención por cómo se trabaja en la película y es el concepto de vínculo. 

Los na’vi tienen una trenza que utilizan para “fusionarse” con elementos de su entorno (su “caballo”, su “dragón”, etc.). Al principio de la cinta, el personaje femenino na’vi (Neytiri) intenta explicarle a Jake en multitud de ocasiones el sentido y alcance de su raza, sus conexiones con el entorno, etc. Y Jake, claro, no comprende nada desde su perspectiva/mundo. De hecho, un científico conocedor de los na’vi le explica a Jake la expresión na’vi de “te veo” que incluye algo así como “ver por dentro” para desconcierto de Jake. La mirada de Neytiri es un ejemplo de ese querer conocer lo que hay dentro del otro. Este elemento, el de ver por dentro, podríamos vincularlo con facilidad a las herramientas que utilizamos desde el coaching para permitir que el otro descubra aspectos no evidentes/aparentes.

En la película el vínculo (según el diccionario “unión o atadura de una cosa con otra”, “unión inmaterial que relaciona a dos o más personas”) permite ponerse de tú a tú, comprender al otro en sentido profundo, casi no necesitar hablar para comunicarse, … De hecho, hay un aspecto que se comenta en el film, relacionado con lo que estamos tratando, y es cuando le explican a Jake que todo guerrero ha de tener un “caballo”. Para ello debe elegir uno … y éste debe necesariamente elegir al guerrero. Se establece, por tanto, el vínculo en sentido bi-direccional (en la cinta se plasma cuando interconectan entre ambos esa especie de ramillete de fibras nerviosas; sucede lo mismo con el “dragón”).

El vínculo, en la trama, es lo que les hace poderosos. El vínculo une a los na’vi con su entorno, con los árboles (siendo el “árbol madre”, por ejemplo, el símbolo del origen, de la pureza, de los valores y principios). El vínculo hace que todas las plantas estén inter-conectadas entre sí (“como una red neuronal” se dice en la película). El vínculo “une por dentro” … algo mucho más valioso que las “artificiales” interrelaciones entre los humanos, sus construcciones (por tecnológicas que sean). La comunidad na’vi vive en armonía con su entorno, muy alejada de la explotación que persiguen los humanos (al servicio de una ambición ciega).

Los humanos luchan por su propio y egoísta beneficio (como el “leviatán”). Los na’vi colaboran y comparten en aras de un bien común que trasciende su propia existencia individual (como el “pingüino”).

Muchas de estas reflexiones, decía al principio, podemos circunscribirlas al ámbito directivo. Ojalá fuéramos capaces de trabajar (desde la figura del líder) con el concepto de vínculo (en el sentido avatariano del término) como principio básico, auténtico, profundo, casi moral del escenario humano/organizacional en el que nos desenvolvemos. Herramientas tenemos (desde varias disciplinas). Lo que necesitamos (como directivos) es dar el paso auténtico de querer trabajar “desde dentro”.

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