El directivo en la Administración Pública, Luchando contra el Elefante


Hace poco mi compañera Ana en su post “El liderazgo y la teoría del poder duro y blando” comenta el libro ‘Las cualidades del líder’, que aplica al liderazgo su teoría  sobre el poder duro, el que se basa en la amenaza y la recompensa, y el poder blando, el que se basa en la capacidad de atracción del que ejerce el poder.

Siguiendo en la línea de comentar distintas visiones sobre el liderazgo, hoy quiero analizar un libro que se aleja de la teoría para centrarse en la experiencia acumulada durante años de dirección, en este caso en la Administración Pública.


En primer lugar se trata de un libro que como dice en su contraportada no pretende ser un libro al estilo habitual de los manuales de management o dirección. Se trata de una obra donde a través de la experiencia del autor se recogen, mediante una serie de ejemplos, algunos de los errores más frecuentes cometidos por el personal directivo.


En el libro se reflexiona sobre el papel del directivo en la Administración Pública, su planteamiento parte de la propia experiencia y de su aguda capacidad de análisis. Aunque el libro se centra en la Administración Pública también puede servir de inspiración a directivos de la empresa privada. Y por supuesto, también tiene la intención de servir de reflexión sobre las cosas que se pueden hacer para mejorar el funcionamiento de la Administración.

A lo largo del libro se van mencionando las cualidades que según él debe tener un directivo/a:

Deductivo: es fundamental que un directivo sea capaz de extraer conclusiones de lo que la realidad le muestra. Debe ser capaz de ver, observar, preguntar, y aprender. Debe ser capaz de deducir por qué ocurren las cosas.

Indagador: es necesario tratar de conocer que es lo que desean nuestros clientes o colaboradores, cómo puedo ayudarles, su grado de satisfacción, que cosas consideran mejorables…

Resuelto: tomar decisiones es algo que entra en la función directiva. Un directivo no puede ser alguien que prefiere no hacer nada ante una situación adversa esperando que se resuelva por sí sola.

Empático: un directivo debe ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Debe ser capaz de ponerse en el lugar del cliente/ciudadano para poder ofrecerle el mejor servicio según sus necesidades. Pero también debe ser uno más del equipo evitando separaciones que lo alejen de su personal.

Celoso: entendiéndolo como alguien que pone cuidado y esmero en hacer algo. En este caso lo relaciona con la formación. Una persona que dirija grupos debe velar siempre por su formación. Debe conocer tanto sus carencias como las de su equipo y ha de preocuparse por cubrir esas lagunas.

Temporal: el directivo no debe acomodarse en su puesto y entrar en la rutina y el estancamiento por el contrario debe ser capaz de ceder el paso a nuevas ideas y ser capaz de asumir nuevos retos que le supongan un cierto volver a empezar. Así conseguiremos un dinamismo con capacidad de dar respuesta a las nuevas demandas de la sociedad.

Integrador: hay que ser capaces de integrar al equipo, de reducir las distancias entre el directivo y sus colaboradores, de hacer que se sientan parte de algo y trabajen codo con codo por un objetivo común.

Valiente: es necesario un cierto grado de osadía para cambiar las cosas, para hacer algo distinto a lo que ya se viene haciendo, a tomar un riesgo de que algo salga mal, pero que debe tomarse. Y si se comete un error hay que dar un paso adelante y reconocerlo para poder aprender y aprovecharnos de la experiencia.

Oportuno: un directivo debe ser capaz de saber tomar las decisiones en el momento justo, si no una decisión que podría ser acertada se convierte en ineficaz o en un error. Por ejemplo, hay que saber cuando el grupo está maduro para asumir ciertas responsabilidades o cambios, y cuando no lo está, para introducirlos en el momento que sean más eficaces.

Ayudante: como conclusión se puede decir que lo que necesitamos son directivos que ayuden, por encima de cualquier otra cosa. Que ayuden a su organización a transmitir los valores que la definen, a lograr sus objetivos. Pero también han de ser ayudantes de sus colaboradores han de pensar en que necesitan de él y en que qué puede ayudarles.

Y lo mejor son los distintos ejemplos que ilustran situaciones reales en las que poner a prueba estas cualidades. Para los que no trabajamos en la Administración siempre es reconfortante comprobar que existen funcionarios comprometidos con su trabajo, con ganas de aprender y de mejorar con el fin de lograr que funcione mejor el servicio público. Directivos de los que se puede aprender puesto que la mayoría de las situaciones serían reconocibles en cualquier empresa privada, especialmente en aquellas que son tan mastodónticas como la propia administración. 

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