¿Crecer por crecer? No siempre más es mejor


De nuevo echo mano del libro 42: La respuesta de pensamiento profundo a la vida, al universo y a todo” (Alianza), Mark Vernon para plantearos un tema que considero de interés en estos tiempos de crisis económica, en los se está poniendo en tela de juicio el sistema capitalista tal y como está implantado en nuestra sociedad.

Según el autor, el crecimiento económico es la razón de ser del capitalismo: “el empuje incesante para producir más […] cuando, en realidad, el tubo de pasta de dientes lleva vacío mucho tiempo”. Las empresas que se guían por el “evangelio” del crecimiento económico son organizaciones en las que las personas, cuando entran en la oficina, dejan su ética personal colgada en el perchero junto con su abrigo.

Sin embargo, diversos factores están empezando a cuestionar la primacía del crecimiento económico: la crisis económica mundial, la medioambiental (sobre la que trata el capítulo del libro de Vernon) y la energética, y el creciente interés por el equilibrio trabajo-familia, por disponer de tiempo para dedicar al cuidado de nuestros hijos/as (ver el Informe sobre el impacto de la conciliación laboral y familiar sobre el bienestar infantil, de tatum) y, en definitiva, el creciente interés por anteponer la felicidad a la acumulación de bienes.
Y por eso, cada vez son más las empresas que no se guían por una cultura empresarial utilitarista (que trata de complacer a los mercados), sino que optan por una cultura “virtuosa”, que valora lo que cada persona hace no sólo por sus resultados, sino sobre todo por el tipo de persona en que le convierte eso que hace.

Según el ejemplo que presenta el filósofo irlandés Charles Handy, en su libro “Myself and Other More Important Matters”, quizá los planes de crecimiento de una orquesta sinfónica no son aumentar el número de músicos o el número de conciertos, sino aumentar su repertorio y su reputación. El dinero no es la única medida de crecimiento, también lo es el crecimiento en reputación.

De igual forma, en momentos de crisis económica, en los que es difícil crecer en recursos humanos y mejorar sus condiciones económicas, aprovechemos para crecer en la oferta de servicios dirigida a nuestras personas (por ejemplo, con nuevas medidas de conciliación y de compensación) y, sobre todo, aprovechemos para crecer en nuestra “reputación” como empleadores.

 

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