Viaje alucinante al fondo de la mente (de Eduard Punset)

En 1966 Richard Fleisher dirigió “Fantastic Voyage”, traducida al español como “Viaje Alucinante”. La película narraba la odisea de un equipo de científicos que, gracias a la miniaturización, viajan en un “nano-submarino” por el interior del cuerpo humano (¿te recuerda a alguna otra película más reciente?).

En 1980 Ken Rusell dirigió “Altered States”, traducida como “Viaje alucinante al fondo de la mente” (¡cosas de lo hispano!). En ella un grupo de científicos investigaba sobre el cerebro, sus redes neuronales y cómo lograr alterar los estados propios de la mente.

En 2010 Eduard Punset escribe “El viaje al poder de la mente”.

La verdad es que es fácil imaginarse a Punset a bordo del “nano-submarino” explorando los entresijos del cuerpo humano, o imitando a Willian Hurt intentando llegar al fondo de la mente (en su libro el propio Punset comenta que se sometió a un experimento “no agresivo para interferir en los procesos cerebrales”).

Me cae bien, Punset, como a todo el mundo creo. Tiene pinta de científico loco, algo ido, como buscando el sentido de la vida (de hecho, en su libro, comenta lo ideal que sería “vivir del aire”). Su programa de TV “Redes” siempre me ha parecido muy interesante y atractivo.

La verdad es que a lo largo de su libro toca unas cuantas cosas que creo son interesantes por un doble motivo: en primer lugar por la trascendencia que para el ser humano tienen determinadas cuestiones y, en segundo lugar, porque siempre busca apoyarse en evidencias científicas.

Uno de los aspectos que me parece más interesante es el de la plasticidad del cerebro: éste cambia continuamente con la experiencia porque ésta, a su vez, deja huellas en el cerebro. Esas “huellas” se evidencian a través de los contactos entre las neuronas, las sinapsis, que se modifican, aprenden, después de cada experiencia.

En el cerebro existen … ¡cien mil millones de neuronas! ¿Te imaginas una red social con ese número de integrantes? ¿Te imaginas, además, que cada integrante de esa red tuviera contactos con otras 10.000 personas? Pues eso es lo que sucede con nuestras neuronas. Lo cierto es que impresiona ver la capacidad o potencialidad de que disponemos ¿no?

Ahora bien, la experiencia nos dice que en la práctica aprovechamos poco esa fuente casi inagotable de poder interior ¿Por qué? El propio Punset apunta alguno de estos factores, relacionándolos entre otros con la moral, las costumbres, las normas, … que cumplen una función positiva (simplifican algunos procesos) pero que imponen una carga muy pesada a nuestro avance. De hecho, Punset recoge (de forma científica) ese principio que muchos conocemos de que hay que desaprender antes de volver a aprender.

¿Será el siglo XXI, como vaticina Punset, el del avance de todas estas disciplinas relacionadas con las redes (neuronales)? ¿Podremos ser lo suficientemente inteligentes como para “vivir del aire”? ¿Aprenderemos, de una vez por todas, a gestionar eficientemente nuestras emociones?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre es un placer leerte Chema. Me ha surgido una preguntar ¿Qué significa gestionar eficientemente nuestras emociones? ¿Transmitir a los demas lo que sentimos relamente? ¿Hacer un uso "profesional" de ellas buscando la utilidad? ¿Intentar a través de nuestras emociones dar un poco más de felicidad a los demas?.
Enseñamos que las emocions son indisociables del resto de nosotros mismos en la actividad profesional, y esto a veces es un aporte y otras un problema, incluso en escenarios casi identicos...¿Como gestionamos eso?
Andrés

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