Liderar en tiempos revueltos

No vamos a comenzar con la dichosa palabra. Esa de la que llevamos tres años hablando y que ya sabemos que implica en sí misma riesgos y oportunidades. Vamos a hablar de icebergs para reflexionar brevemente sobre cómo liderar en tiempos revueltos.
Construir equipos involucrados y alineados con los objetivos y realmente comprometidos con el proyecto, es el reto al que se enfrentan los directivos y mandos de cualquier organización.

Pero ¿cómo se consigue ese nivel de involucración? Está demostrado que el compromiso no es una actitud que elije el propio individuo, ya que está seriamente influida por lo que ve y experimenta en su empresa y en su propio departamento.
De hecho diversos estudios revelan que la relación que el directivo establece con cada profesional de su equipo se convierte en uno de los lazos más fuertes para forjar su compromiso. Y aquí es cuando entra en escena el iceberg.
La imagen de esta gran masa de hielo pretende llamar la atención sobre lo absolutamente esencial que es liderar desde Visión Integral de la Persona. Un buen gestor de personas no puede dirigir desde lo superficial, sin entender y analizar desde una perspectiva global a cada colaborador.
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El camino para llegar a esta visión multidimensional de cada profesional no es sencillo, ni tampoco rápido. Partimos de un contexto laboral marcado por el cortoplacismo, las prisas y el poco espacio para la reflexión. No es éste precisamente el escenario ideal para tratar a las personas.
Una buena fórmula para romper esta dinámica consiste en incorporar rutinas y hábitos que permitan bloquear tiempos y buscar los escenarios propicios para conocer las circunstancias y preocupaciones de cada miembro del equipo.
En esos encuentros el líder tiene que emplearse a fondo. Su empatía, capacidad para generar confianza y escuchar activamente le permitirán profundizar en la personalidad, estilo y expectativas de cada colaborador para así comprender su comportamiento y conocer sus motivaciones.
Este trato único y diferencial establece un marco de complicidad y confianza que hace que las personas hagan suyo el proyecto, se comprometan con los objetivos y mantengan un nivel de productividad e innovación constante.
Mantener esta visión integral de la persona permite al directivo llegar al ámbito de las emociones para desde ahí motivar y provocar los cambios de comportamiento necesarios. Liderar descendiendo al terreno de las emociones y las expectativas tiene pues muchas ventajas y para llegar hasta ahí el directivo tendrá que emplear todos sus recursos.

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