Funciones y Objetivos: ¡Una terrible confusión!

Son muchas las preguntas sobre ¿cómo motivar?, yo creo que la única responsabilidad en lo que ha motivación se refiere de un directivo: es no desmotivar. Para ello debe evitar la frustración de sus colaboradores. La frustración es el fruto de vivir situaciones que consideramos no podemos manejar, es dejar sin control a un individuo respecto a las consecuencias de sus actos.
Las dos principales causas de desmotivación son La falta de objetivos y la presencia de objetivos inalcanzables. Aunque parezca increíble, la segunda es bastante menos frecuente que la primera en nuestras organizaciones. 
Cuando un profesional no tiene definidos los objetivos de su puesto, entra en una especie de estado letárgico que le convierte en un zombi inservible para una organización, es un peso inerte para la estructura y una pesadilla para sí mismo.

Muchos de los profesionales que parecen desmotivados son víctimas de un jefe que ha confundido las funciones con los objetivos. Que no es capaz de materializar los objetivos de su colaborador, que le pide que realice tareas sin marcarle un para qué, un cuánto o un hasta cuándo.
Pedirle a un colaborador que desarrolle sus funciones, es necesario pero no suficiente para que asuma como suyo el puesto, para que se motive con el propio desarrollo de la tarea, para que se comprometa con la organización…  El interés por cumplir los objetivos es lo que da sentido al día a día de un profesional.
SI tuviéramos en nuestra plantilla un corredor, no tendríamos que centrarnos en decirle que su tarea es correr, deberíamos decirle qué carreras debe ganar y cuales son los tiempos que debe mejorar.  El ya sabe que su función es correr, lo importante es que sepa para qué corre y sobre todo hacia dónde.
La confusión entre funciones y objetivos es bastante más frecuente de lo que parece. Pensemos en cada uno de nuestros colaboradores y revisemos las consignas que les hacemos llegar respecto a lo que se espera de ellos.
Los objetivos deben ser concretos, claros, alcanzables y retadores. Cuando los objetivos no cumplen estos requisitos, los profesionales pierden la tensión profesional y por tanto su motivación.
Los objetivos cumplidos deben finalizar en un reconocimiento que “discrimine” a los que lo cumplen y a los que no. Que ofrezca recompensas por el logro. No premiar el cumplimiento de objetivos, es la consecuencia lógica de la confusión entre objetivos y tareas. Es evidente que nadie te premiaría por cumplir tus funciones.
El efecto de esta confusión es devastador en las plantillas. Es la base de la mayoría de los  problemas de motivación.

1 comentarios:

gestion personal dijo...

Muy interesante blog. Motivar es una de las tareas fundamentales del departamento de la dirección de recursos humanos de las distintas empresas. Hay que tener en cuenta que un empleado feliz trabaja mejor y en consecuencia aumenta su productividad brindando su mayor potencial en beneficio de la compañía para la cual trabaja.

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