Humor vs Supervivencia

A finales del año pasado tuve la oportunidad de conocer a Pedro Algorta, uno de los 16 supervivientes del accidente de los Andes. Presentábamos mutate, un programa que hemos desarrollado conjuntamente para la gestión del cambio y la incertidumbre.

Me quedé con muchas cosas de aquel encuentro. Su tremenda humildad, su expresión “vivir bajito” para referirse a lo más básico del ser humano, el instinto de supervivencia, o su análisis del trabajo en equipo para conseguir el objetivo común: salvarse.

Nos contaba Pedro que “allá arriba” no hubo un único líder y que su supervivencia fue un claro ejemplo de liderazgo colectivo. “Éramos un grupo de pares que hacía lo que podía para ingeniárselas y salir de la montaña” dijo.

Cada uno contribuía según su capacidad y posibilidades. Algunos se afanaron en mejorar la forma en que se hacían las cosas para ahorrar energía o aliviar a los heridos, otros hicieron actos generosos o heroicos… En ocasiones la gran contribución consistía en mantener el sentido del humor y hacer comentarios divertidos insuperables.

No en vano una de las claves de su salvación fue mantener una actitud positiva y activa frente a la adversidad. Buen humor y optimismo. Dos variables que en un principio pudieran parecer triviales o anecdóticas fueron sin embargo transcendentales. Nunca me lo habría planteado y este hecho me hizo reflexionar.

El sentido del humor no es algo simple, al contrario, es un proceso emocional-cognitivo de gran complejidad, un mecanismo biológico muy sofisticado que permite aumentar la eficacia con la que nos enfrentamos a las situaciones. Implica tener una actitud lúdica y optimista en la vida, que facilita ver los problemas con otro prisma más positivo y mantener unas expectativas constructivas de cara al futuro.

De hecho el sentido del humor tiene una gran conexión con el instinto de supervivencia en la medida en que es nuestro escudo ante problemas insuperables. Se caracteriza por su transgresión. Nos obliga a crear una interpretación distinta de las cosas, a ver los contrastes y sinsentidos y a romper las reglas escapando así por un momento del orden establecido.

Lo importante es que con optimismo podemos transformar las situaciones, reírnos de las tristezas e injusticias para así superarlas más fácilmente. El humor nos protege de todo lo que nos deshumaniza y fomenta una actitud positiva ante la vida. Nos permite mirar las cosas de forma diferente y, por tanto, aumentar la eficacia con la que encaramos las dificultades.

El sentido del humor se relaciona con la buena disposición personal para hacer las cosas. De hecho, los éxitos o fracasos, dependen más de la actitud con que se afrontan las dificultades, que de la aptitud objetiva de poder resolverlas. Una filosofía optimista de la vida ayuda en gran manera a salir en busca de soluciones en lugar de quedarse atascado en los problemas.

Pero el humor no es sólo divertido: hace bien. Numerosos estudios han confirmado sus beneficios sobre la salud mental y física. Es un estímulo eficaz contra el estrés, la depresión y, evidentemente, la tristeza. En el trabajo, el humor nos puede dar lecciones sobre cómo manejar conflictos, aumentar la motivación, cohesionar equipos y desarrollar la creatividad.

El optimismo fomenta la salud y no tiene efectos secundarios. Conecta y comunica. Genera una gran energía productiva y no contamina. Y lo mejor de todo, es una capacidad que compartimos todos los seres humanos. Aunque haya personas con más aptitud que otras, todos podemos aprender y nos podemos formar para desarrollar este muy sano rasgo de la personalidad.

Richard E. Boyatzis, Doctor en Psicología por la Universidad de Harvard y autor de libros como Liderazgo competente, Liderazgo vibrante o Convertirse en un líder vibrante, defiende el optimismo como clave para vivir.

Como este experto mantiene, “optimismo no significa estupidez” y cuando las personas empiezan a descubrir el poder del optimismo, se dan cuenta del alto nivel de importancia que tiene en todas las áreas de la vida.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Natalia:

Me ha gustado mucho tu reflexión. Hace unos años, tuve ocasión de escuchar a "otro" de los supervivientes: Fernando Parrado, y el relato de su experiencia me pareció sobrecogedor. Me hizo pensar mucho, durante los días posteriores a oirle; me imaginaba en aquella situación e intentaba adivinar mi comportamiento; lo difícil, seguro, era mantener la esperanza (ese optimismo del que tu hablas), y no "tirar la toalla".

En los tiempos de dificultades que ahora vivimos, tanto por la situación colectiva, como por la individual que a algunos también nos toca, a veces es complicado intentar "mantener el tipo" y echar mano de ese optimismo (instinto de supervivencia)tan necesario.

Tendré en cuenta estas reflexiones en los momentos duros, en que lo fácil es dejarse llevar....

Un beso de tu "admirador secreto"

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