El Compromiso: Ser la Luz en la Oscuridad

Es obvio que la emoción hacia un proyecto, una idea, un servicio… es lo que más nos puede comprometer como seres humanos y, por lo tanto, como profesionales.

Para desarrollar el compromiso en una organización (¡ojo! que no digo “lograr” porque el compromiso tiene que ser sostenido en el tiempo), es imprescindible ocuparse de nuestros Recursos Humanos constantemente.
Esto significa que todo lo que podamos hacer en su desarrollo y bienestar ayuda a tener entre nosotros a los mejores equipos que nos podamos permitir.
Son políticas cuyos resultados permiten que los profesionales tengamos un equilibrio entre nuestra vida profesional y personal, que nos formen para ser mejores profesionales y personas, que nos motiven al logro … pero sobre todo, que nos consideren.

A lo largo de mi vida profesional he tenido la oportunidad, y la suerte, de impartir cientos de cursos sobre habilidades directivas, profesionales, implantación de metodologías, … y de participar en proyectos de desarrollo y gestión de recursos humanos. En su casi totalidad el fin y objeto de todos ellos sobre el papel era bueno, tanto para las organizaciones como para los profesionales.

Pero ¿por qué en su mayoría no se conseguía el compromiso o, pasado un tiempo, se volvía a las mismas costumbres y falta de ilusión hacia el proyecto?

Casi siempre porque no se trabajan las emociones de las personas. Y en este punto es donde la responsabilidad de los directivos y mandos intermedios es crucial.

¿Y por dónde empezamos? Pues por el principio, obviamente. Una organización tiene que tener claro unos valores, una misión y unos objetivos.
Los valores no vale anunciarlos, ponerlos en el manual de acogida o colgarlos de las paredes. Hay que vivirlos todos los días. Y claro, un valor de muchas empresas es el compromiso de sus profesionales con los objetivos y misión de la compañía u organización.

Para conseguir esto, no basta con lo que ya tratamos de ofrecer, sino que las personas con responsabilidad sobre equipos tenemos que fajarnos y llegar a las emociones de nuestras personas.
Los valores y objetivos hay que repetirlos constantemente, el camino a seguir iluminarlo todos los días, y los objetivos una vez aprobados no discutirlos sino lograrlos.

Pero esto, como decíamos anteriormente, suele fracasar o perderse en un lapso tiempo pequeño.
Porque sí no limpiamos nuestra casa de impurezas, las emociones que queremos conseguir se contaminan y desaparecen. Por ello hay que hacer hincapié en los políticas de Recursos Humanos que favorecen el compromiso. Pero sobre todo en los comportamientos y actitudes de los encargados de desarrollar el compromiso evitando la falta de comunicación, las “cazicadas”, los malos modales, la falta de educación, la confusión en los mensajes, la falta de oportunidades, los cambios de criterios constante, el no predicar con el ejemplo, la arbitrariedad etc.

Conozco más de una organización con excelentes políticas de desarrollo de Recursos Humanos, con condiciones laborables envidiables etc pero en la que las personas no están comprometidas (como mucho retenidas) y cuyo clima laboral es pernicioso para la Salud.

Por eso es crucial que los mensajes lleguen sin contradicciones, que todos se vean involucrados, que las personas se sientan bien en su organización, que tengan la oportunidad de ser escuchados (preguntados), que reciban constantes estímulos de ilusión y responsabilidad (permanentemente alimentados), que comprendan que cada cual en su labor aporta, que no pierdan la perspectiva de hacia dónde se dirigen, … En definitiva que cuando el directivo, que con toda su buena voluntad espera todo eso, se de la vuelta y salga de la oficina la emoción siga fluyendo.
Sé la luz en la oscuridad

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